Cuando me pierdo en tus ojos, a veces cansados, a veces dudosos, llenos de pequeñas lluvias, de niebla, de vida, intuyo la locura que se oculta bajo ese café claro, y desafiante, me sumerjo en tu cuerpo.
Como navegante a la deriva me anclo a tu vientre
Y me sumerjo en tu mar, blanco y cálido, cristalino.
Eternamente, quiero zurcar tus aguas, ligeras, circulares
Escuchar la suave brisa de tu isla
Sentir tus cabellos de noche, desvaneciéndose sobre mi rostro
Quitarme el frío en la hoguera de tu boca
Y, si me lo permites, en los días de tormentas
Refugiarme en tu pecho.
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